Hay personas y personas. Por esta sección desfilan las que no nos dejan indiferentes, las que destacan aunque no quieran. Si merece la pena seguir su ejemplo o no es cosa tuya.

lunes, 11 de mayo de 2009

"Una persona absolutamente feliz probablemente no escribiría ninguna poesía"

David Coll es poeta. Conduce una tertulia poética todos los jueves en el emblemático Café Gijón de Madrid. Todos callan cuando se pone en pie y recita cualquier poema, de memoria, poesías propias y ajenas, todas con una voz profunda y algo ronca a causa del tabaco. Hoy, al acabar la tertulia, se ha sentado en una mesa del fondo, de espaldas a la pared, fumando. Pide que le tutee. Está muy tranquilo, mueve su cigarro en el aire y habla de poesía. Eso es lo que de verdad le interesa.


Lleva traje negro. No está de luto, sonríe. Le gusta. Siempre viste igual y siempre es poeta. No ha cambiado de montura de gafas ni de peinado en años. No le importa. La belleza no la busca en la moda sino en los versos. No es de los que busca su reflejo por los espejos, pero moriría si algún día dejase de encontrar poesía allá donde mira. Es David Coll, poeta madrileño, hijo del ya fallecido dramaturgo Jose Luis Coll, pero no le gusta hablar de él y lo advierte desde el principio.


Pregunta: Empezaste a escribir poesía "en serio" hace 15 años. ¿Cómo fueron tus comienzos?

Respuesta: Empecé a escribir en prosa, verso libre, pero descubrí que me salían rimas sin buscarlas. Entonces, hace 16 años, empecé a investigar métrica y a trabajarla. Para mí es como emusicar la palabra. Lo que hice fue dedicarme a dominar la técnica y conseguir expresar mis ideas y sentimientos dentro del molde métrico. Me habitué a contar las sílabas con los dedos hasta que conseguí expresar mis sentimientos dentro del verso, de la rima, de los encabalgamientos y metáforas. Fue un proceso de 15 años muy duro.


P. Me gustaría saber cómo fue tu primer contacto con la poesía. ¿Recuerdas cuál fue el primer poema que leíste?

R. La verdad es que no, pero el poema que más me impresionó lo leí hace 18 años y era un soneto de Baudelaire. Se llama Plegaria de un pagano. Ahora ya me lo sé en francés, aunque lo leí traducido al español. Me impresionó tanto que sentí la llamada de la poesía. Siento una gran admiración por Baudelaire, le considero mi maestro. Ha sido una estrella que me ha guiado en este trabajo tan duro e ingrato que es el de dedicarse a la poesía.


P. ¿Fue por esa experiencia por lo que empezaste a escribir?

R. Bueno, en realidad, lo que me bautizó en la poesía fueron el vino y el amor. El vino me abrió la puerta encantada al reino de la poesía. Y el amor… Como decía Pedro Beltrán, un poeta bohemio amigo mío, “los grandes poetas lo son porque han sido grandes enamorados”. Yo soy un gran enamorado y por tanto espero ser también un gran poeta.


P. ¿Enamorado de una persona o enamorado de las cosas, de la vida?

R. Amor por un ser que me ha hecho sufrir muchísimo, pero también me ha inspirado mucho. De hecho, tengo mil sonetos clásicos de amor y desamor.


P. ¿Todos esos sonetos están referidos a un mismo ser?

R. Sí, pero no te voy a decir su nombre porque es un secreto que no sabe nadie.


P. Está bien. Volviendo a su poesía, al usar formas estéticas que otros han inventado antes, la métrica, ¿no renuncias a parte de tu creatividad?

R. No. La métrica es una cárcel cuando no tienes control de la técnica. Para que el poeta pueda expresarse libremente dentro de el molde tiene que ejercitarse muchísimo. Ese es un trabajo tan duro que hoy en día muchos poetas lo rechazan por el esfuerzo que exige.


P. En tu poesía, los temas que tratas son muy humanos románticos y temporales, pero últimamente la métrica tradicional con la que trabajas está en el rincón. ¿Crees que los que escriben verso libre lo hacen por vaguería o comodidad?

R. No lo sé. La métrica, aunque hoy en día esté relegada, no está olvidada y muchos poetas la trabajan. Lo que ocurre es que quizás está de moda el verso libre, lo que me parece muy bien, pero yo creo que la métrica va a regresar con nuevas energías porque tiene mucho que enseñarnos a los poetas. No sé si quien escribe verso libre lo hace por vaguería. Yo creo que cada poeta escoge según su temperamento qué clase de poesía quiere hacer. No digo que una manera de escribir sea ni mejor ni peor que la otra.


P. Te has referido al temperamento del poeta. El tuyo te ha llevado a escribir usando las formas clásicas. ¿Quiere eso decir que tú mismo seas clásico, cuadriculado o muy organizado?

R. Yo creo que soy clásico en la forma, pero no quiero entrar en calificativos. Sí es verdad, aunque parezca un anacronismo, que soy heredero del Romanticismo. Me podrían considerar como un post-romántico. Es un estado del alma, una actitud apasionada ante la vida .También es una postura rebelde frente a la realidad. Todo poeta de alguna manera está en desacuerdo con el mundo y trata de buscar en su poesía otros mundos que nos den libertad, belleza y paz interior.


P. ¿Toda la poesía surge de un desacuerdo con el mundo?

R. La poesía surge de la tristeza, de la nostalgia por algo que se ha perdido. El poeta, si es un poeta de verdad, tiene el alma triste a la hora de crear un poema, lo que no quiere decir que luego en su vida no pueda ser una persona alegre. Una persona absolutamente feliz probablemente no escribiría ninguna poesía. La poesía surge del dolor. Siempre es así y siempre ha sido así, por eso cuando un poema es muy triste, de alguna manera, nos consuela.


P. ¿Todos podemos escribir poesía o se necesita un don?

R. Yo creo que se nace con un don, pero hay que trabajarlo mucho. Si no, no llegas a ninguna parte. De todos modos, si una persona no tiene el don de la poesía, por desgracia, por mucho que trabaje difícilmente conseguirá ese duende que hay en un poema con profanidad, fuerza y belleza. Eso sí, a cualquier persona, tenga don o no, que quiera hacer poesía yo le animo a que lo haga.


P. Te has presentado a varios concursos, pero hay quien dice que presentar creaciones artísticas a concursos es quitarles parte de su valor, que la poesía no hay que venderla...

R. No, yo no lo considero una venta. Cuando a un poeta se le concede un premio el dinero que recibe es el pago a su trabajo. El trabajo del poeta no está bien valorado por la sociedad. Yo trabajo muy duro, todos los días, con disciplina y me dejo el alma en cada poema. Ese trabajo mental y espiritual que yo hago debería estar remunerado como el de un taxista o un abogado. Hoy en día la sociedad no tiene apenas interés por las cosas del espíritu y del arte.


P. ¿Crees que la poesía es una forma de ofrecer algo a la sociedad?

R. La poesía es capaz de transformar y embellecer el alma. Es un bien social, patrimonio de todos que tenemos que defender.


P. Has ofrecido tu poesía al público no sólo en tus libros, sino también recitales. ¿Recitar tiene importancia especial?

R. Bueno, más que recitales yo los considero espectáculos porque recito de memoria. Soy un rapsoda, interpreto teatralmente mis poemas. La poesía debe ser recitada porque cuando se le pone voz es cuando toma cuerpo de verdad. Yo recito para dar a conocer mi trabajo y para darle a los poemas la intencionalidad que yo quiero.


P. Dejemos la poesía de lado un momento. Hace poco has escrito una novela, pero no es fácil encontrar datos sobre ella.

R. La he escrito en muy poco tiempo. Tiene 150 páginas y la envié a un certamen. He de decir que no tengo experiencia como novelista, ha sido un reto para mí escribir ese libro. Ahora estoy escribiendo otra novela más tranquilamente, pero no puedo comentar nada porque de momento todo es un secreto.


P. De acuerdo. Trabajas mucho tiempo con la poesía, con formas muy clásicas y de repente escribes prosa y encima novela. Es un cambio muy radical.

R. Como llevo 15 años escribiendo versos clásicos, escribir prosa me resulta mucho más sencillo, aunque me satisface más la poesía. Lo que sucede con la novela es que el trabajo es muy diferente porque implica narración y personajes. La poesía es un licor reconcentrado, la prosa no es tan intensa. Yo no me considero novelista, sino poeta. De hecho, tengo una obra de teatro y está verso. Se llama El Infierno de Don Juan Tenorio.


P. El título sugiere que es una pieza clásica. ¿Cómo se le ocurrió escribirla en el siglo XXI?

R. Sí es clásica. Surgió de una gran inspiración. No está publicada y es muy difícil que se estrene en teatro porque, al estar en verso, es casi imposible que a alguien le pueda interesar, aunque a mí me gusta mucho. Es una obra muy romántica, una tragedia que aporta una luz nueva sobre la figura de Don Juan.


P. ¿Te interesa especialmente esa figura literaria?

R. Me interesa mucho como motivo poético. Creo que inspira mucho, como Don Quijote o Fausto. Son personajes eternos.


P. Ya para terminar, he leído que para usted “el último verso de un poema es como una última estocada”. Me gustaría acabar con alguno de sus versos.

R. Voy a recitar parte de uno de mis sonetos, de El vértigo infinito. Dice así:


“Si yo no puedo huir del grito hasta la estrella

si mañana será igual que hoy y ayer

si no puedo escapar de la noria del ser,

dolor, ábrete y déjame que beba de tu botella”.


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